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Mitos en veterinaria: Baños y cachorros.

Todo hay que decirlo, algunos mitos en mi profesión los hemos cultivado nosotros mismos. Y este del que voy a hablar es uno de los más extendidos. El mito dice literalmente: Los cachorros no se pueden bañar hasta que no termine su programa de vacunación.

Y la verdad es que no tengo claro de donde ha salido pero es raro el cachorro que viene a la primera visita y no trae esta recomendación. ¡No se puede bañar hasta que no se vacune!

Y la pregunta es casi obligada: ¿Y porqué?. Porque me lo ha recomendado el criador, o el veterinario, o el vecino…

La cuestión es que no hay base científica, ni de las otras, para evitarle el baño a un cachorro sucio. Y es que es fácil ver cachorros que bien por el lugar y las condiciones en que se han criado, o bien por el transporte desde donde nació hasta la nueva casa, o porque se han mareado en el viaje…llegan a su nuevo hogar hechos unos zorros.

No solo estoy hablando de suciedad pura y dura, estoy hablando de que muy a menudo llevan restos orgánicos propios o de sus hermanos y que cuanto antes los liberemos de ellos, pues mejor.

Pero el baño asusta. Y mucho. Hay la creencia de que puede cogerse cualquier cantidad de enfermedades. Se habla de moquillo. De neumonías. De muerte súbita.

Yo puedo asegurar sin temor a equivocarme que del grifo de una casa normal no sale otra cosa que agua. En el agua del grifo no hay virus de moquillo. Tampoco están los gérmenes que provocan la neumonía. No hay nada más que agua. Y si la combinamos con champú para perros pues, solo hay agua y un remedio contra la suciedad. Y al cachorro solo le pasa una cosa. Que entra sucio en el baño y sale limpio del baño. Nada más.

Y ¿Cuándo pueden surgir problemas? Muy sencillo. Solo hay que apelar al sentido común para descubrir estos problemas. Si bañamos al cachorro con agua helada, además de que le cortaremos la respiración y de que se acordará de nuestros parientes, pues puede cogerse un pasmo de narices. O si lo dejamos húmedo y lo sacamos al balcón a que se seque, sobretodo en invierno. O lo metemos al río, Arga en nuestro caso, y sumamos la temperatura gélida del invierno con las cualidades insalubres de sus aguas. En fin, si perdemos la cabeza y bañamos al cachorro en condiciones que jamás utilizaríamos con nosotros.

Pero la realidad no es así. Invitamos a los nuevos propietarios a que bañen a su cachorro lo antes posible. Que lo hagan con agua templada y lo sequen a conciencia. Que lo socialicen con el secador de pelo. Y nos aseguramos de que la entrada de un cachorro a su nuevo hogar además va libre de todo lo que impregnaba su pelo.

Y en mi caso huyo de los champús en seco. Unos polvos blancos que normalmente valen para poco. Y que desde luego no garantizan la eliminación de parásitos o huevos de parásitos.

Yo, a día de hoy, estoy por ver al primer cachorro con problemas por haberlo bañado. Y han sido unos cuantos…miles.

Así que desterremos este mito. Si adquirís un cachorro, bañadlo.

Buscaremos otros mitos que ‘desmitificar’.

Un saludo cordial, Leo