Siguiendo con las vacunas

 

DSC_0693

Siguiendo con el asunto de las vacunaciones. Ya no solo es importante lo tratado en la anterior entrada con respecto al que “quien mucho abarca poco aprieta” , también tomaremos en cuenta otras circunstancias que pueden rodear a la vida de todo cachorro y que también tienen un impacto sobre su respuesta inmune.

En consulta vemos con frecuencia cachorros en estados nutricionales y físicos pobres. Algún día hablaremos de las necesidades ambientales de un cachorro desde el momento del nacimiento hasta que abandona el hogar donde nació y creció. La cuestión es que a menudo nos encontramos ante situaciones de un manejo mediocre de estos momentos y que derivan en estados fisiológicos tristes, estados nutricionales deficitarios, etc. Si ya de por sí todo cachorro es incompetente a la hora de generar una respuesta inmunitaria adecuada, lo será con mayor razón si además agregamos al cóctel, un estado general mediocre.

Antes de iniciar un protocolo de vacunación deberíamos intentar alcanzar un estado fisiológico adecuado. Alcanzar un estado nutricional óptimo o cuando menos aceptable. Por eso es importante que llevéis al veterinario a todo cachorro que adquiráis, en cuanto lo recibáis, por si se hace necesario realizar algún cambio en su nutrición que le ayude a desarrollar en óptimas condiciones, para que el momento de la vacunación sea el mejor posible.

No podemos olvidarnos del estrés. A los cachorros se les separa de su familia a edades que, en condiciones naturales, serían una aberración. En condiciones naturales un cachorro estaría con su madre un montón de meses. Por múltiples razones nos vemos obligados a romper esta relación de manera prematura y como consecuencia sometemos al cachorro a un estrés brutal. De un momento a otro se ve solo, en una casa que no conoce, con una familia que todavía no reconoce como propia. No pocos además pasan frío, comen mal… Y de todo esto no podemos esperar que se sienta cómodo, contento, relajado. En todo caso hablaremos de estrés, de ansiedad. Y claro, esta situación no es gratuita. Al contrario, la repercusión sobre su estado fisiológico durante los primeros días es patente. Vemos cachorros que lloran, que padecen diarreas por los cambios nutricionales, que se marean y vomitan en el traslado, que pasan miedos… El impacto sobre el sistema inmune es tan importante como invisible. De todos es conocido que el estrés afecta negativamente al mecanismo de defensas del organismo. Todos damos por cierto que en estados de estrés somos más proclives a padecer enfermedades o a padecerlas con peores consecuencias. Y es que el estrés frena el mecanismo inmunitario. Y esto hay que tomarlo en cuenta si queremos ser eficaces en nuestro programa de vacunación.  La premisa es muy simple. No podemos vacunar a un cachorro que padece un nivel de estrés semejante. Su respuesta va a ser pobre sí o sí. En la práctica se traduce en que tiene que haber una distancia de no menos de 7 a 8 días entre la aplicación de una vacuna y un cambio de domicilio. Es decir, si va a salir un cachorro de un criadero o de la casa donde nació, deberían haber pasado no menos de 8 días desde que se le vacunó. Y si por alguna razón no es posible esperar, entonces es mucho mejor cambiar de domicilio, esperar esos 8 días, y después proceder a la vacunación. En nuestra clínica lo tenemos claro, todo cachorro que no cumpla esta premisa, simplemente se toma como no vacunado y se reinicia el protocolo de cero.

Espero no haber sido demasiado espeso. De cualquier manera seguiremos hablando de vacunación, que el tema da mucho de sí. Un abrazo para todos, Leo

Comparte con tus amigos

Share to Google Plus

One comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *