Empezamos hablando de vacunas.

_DSC1325Hoy va uno de vacunación. No sé la de veces que podemos hablar en la clínica acerca de la necesidad o no de vacunar. De cuando hacerlo, contra qué, con qué protocolo, qué cuidados y qué contraindicaciones se pueden presentar. En fin, que un acto tan aparentemente simple como es aplicar una vacuna se convierte en algo complejo, lleno de matices, controvertido, pero…para nuestra forma de ver la medicina, imprescindible. E imprescindible hacerlo en las condiciones óptimas.

La aplicación de vacunas es prácticamente el primer gran acto clínico que hacemos en la consulta. Fundamentalmente por que es uno de las primeras causas que motivan la necesidad de ir al veterinario cuando se adquiere por primera vez un cachorro. Y desde la primera vez hay que hacerlo en condiciones.

De una vacuna no nos interesa tanto lo que uno le aplica al animal como lo que el animal, o su sistema inmunitario, hace con lo que  le aplicamos. El fin último es el de producir una cantidad suficiente de defensas como para que, en caso de entrar en contacto contra una enfermedad, el propio organismo sea capaz de rechazarla con éxito, utilizando sus propios recursos. A mejor capacidad inmunitaria, mejor capacidad defensiva y por tanto, mejor capacidad de salir airoso de un momento delicado.

Hoy voy a referirme a las condiciones que rodean a la primovacunación (Como le llamamos de manera recargada al primer protocolo vacunal de un cachorro, igual da que sea gato, perro o gorrín). No voy a comentar el protocolo en sí (Hay muchos protocolos, todos buenos) como a las circunstancias que lo rodean. Lo primero. Un cachorro es un individuo inmaduro. Tanto física, como mental, como social como inmunitariamente hablando. Por tanto, sus capacidades están disminuidas simplemente por que les falta tiempo para ponerse al día. Y esto debe de tomarse en cuenta. Y lo tomamos en cuenta. Esta es la principal razón por la que a un cachorro se le repitan más las cosas. Y las vacunas entre ellas. Porque su respuesta a las vacunas siempre es débil, tenue, lenta. Podríamos decir que porque su sistema defensivo necesita entrenamiento, madurez.

En su inmadurez el primer problema que se le presenta al sistema defensivo es que se le aplica el dicho de que “el que mucho abarca poco aprieta”. Es decir, si tiene que prestar atención a muchos frentes, es posible que no pueda hacerlo con eficacia en ninguno. Esto es capital. No podemos vacunar a un cachorro que esté padeciendo cualquier tipo de enfermedad o proceso debilitante. Y esto se traduce, por ejemplo, en que es fundamental desparasitarlo con anterioridad para que no esté prestando atención a pegarse contra parásitos internos o externos. Si padeciese fiebre, diarreas, vómitos, deshidratación, etc no deberíamos vacunarlo. La respuesta a la vacuna en esas condiciones va a ser extremadamente pobre. No hablamos tanto de que le vaya a sentar mal, o de que pueda tener reacciones peligrosas. No, sencillamente de que no va a haber respuesta y por tanto, no va a quedar suficientemente protegido en caso de enfermar de la patología que pretendíamos evitar.

En la próxima entrada seguiremos hablando de este tema tan importante. Puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. No lo olvidéis. Un saludo y hasta pronto, Leo

ACTUALIZACIÓN: Parte II – Siguiendo con las vacunas

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