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¿Y qué pasa con los adultos y las vacunas?

DSC_0441¿Es realmente necesario seguir vacunando a nuestras mascotas una vez que han llegado a la edad adulta? Esta pregunta nos la venimos haciendo los últimos años y día a día son más los propietarios que nos lo plantean. Y como todo en esta vida, pues depende.  Depende de qué pretendamos prevenir, de si es necesario o no prevenirlo, de si la primovacunación es más o menos duradera, del entorno en el que se mueva nuestra mascota, de mil cosas.

Primero quisiera aclarar un par de conceptos que tienen que quedar cristalinos. El primero es simple. El hecho en sí de que en una determinada zona geográfica no se den casos de una enfermedad, pongamos por caso la parvovirosis, no significa que debamos olvidarnos de su prevención. La enfermedad no se está evidenciando precisamente por la cantidad de individuos que viven en esa zona y que, al estar bien protegidos, mantienen a raya la nueva introducción del virus. De tal manera que si, por una mala lectura de la situación, se baja la guardia y se deja de vacunar, día a día irá aumentando la población de individuos desprotegidos y sin duda, llegará el momento en que el virus volverá a aparecer. Y hará estragos entre los no vacunados.

Esto es fundamental tenerlo en cuenta. Esta es la razón por la que siempre aparecerá alguien que se jactará de que, a sus perros o gatos, no los vacuna y no tiene problemas. No los tendrá tanto en cuanto conviva dentro de una población mayoritariamente protegida. Realmente pueden pasar años para que una zona vuelva a ser potencialmente un caldo de cultivo para un virus o una bacteria previamente controlada. Pero tiempo al tiempo. Solo tiene que calar esta falsa impresión para que progresivamente aparezcan grupos de animales no vacunados y…potencialmente susceptibles de enfermar. Habrá quien esté convencido de no vacunar a sus hijos contra la poliomielitis. Y probablemente nunca padezcan la enfermedad.  No la padecerán si no emigran a una zona endémica. Si nunca salen de Madrid no sabrán lo que es la polio. Si les da por viajar a Africa, cuidado. Ya hay zonas de África muy afectadas, donde muere gente por la polio. A esta gente hay que decirle, – Tío, no se ocurra llevar a tus hijos a esa zona, o si lo haces, por tu madre, ¡Vacúnalos!

El segundo también es simple (He dejado el primero como 2 párrafos por encima…). No todas las vacunas tienen el mismo potencial de protección. Ya sabemos que hay vacunas cuya duración en condiciones óptimas de aplicación pueden tener efectos de varios años. Pero también están las que apenas duran un año o incluso menos. De manera general, y a expensas de que algún experto se me tire a la yugular, las vacunas contra enfermedades virales (Parvovirus, moquillo, rabia, etc) suelen tener un efecto bastante prolongado, mientras que las vacunas contra enfermedades bacterianas (Leptospirosis) apenas alcanzan el año y con costos.

El objetivo de la revacunación es el de mantener niveles defensivos aceptables y tranquilizadores. Si para lograr ese objetivo fuese necesario mantener una vacunación anual, nuestra opinión será esa. Si por algún motivo consideramos que anualmente es innecesario, nuestra opinión será de no hacerlo cada año.

En puro sentido práctico, nuestra opinión es que en la zona donde vivimos necesitamos proteger a nuestras mascotas tanto contra enfermedades cuya protección no garantiza el año de vigencia, como de las otras. Por tanto, nuestra forma de trabajar es individual para cada mascota.

De cualquier manera, y como norma, deberíais poneros en manos de vuestro veterinario para que os cuente como son sus programas de vacunación y, y esto es especialmente importante, deberíais acudir a esa visita anual con la idea de aprovechar el momento para exigirle (A vuestro veterinario, a mí, si lo soy) una revisión a conciencia y que la vacunación nos sirva como mecanismo de acercamiento a la clínica. Y mecanismo de revisión anual. De resolución de dudas y preocupaciones. En nuestro caso lo hacemos con sumo placer.

Dejo de momento el tema de las vacunaciones. Espero que haya servido para esclarecer dudas. Si quedase algo en el tintero, no dudéis en comentármelo.

Leo

 

Siguiendo con las vacunas

 

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Siguiendo con el asunto de las vacunaciones. Ya no solo es importante lo tratado en la anterior entrada con respecto al que “quien mucho abarca poco aprieta” , también tomaremos en cuenta otras circunstancias que pueden rodear a la vida de todo cachorro y que también tienen un impacto sobre su respuesta inmune.

En consulta vemos con frecuencia cachorros en estados nutricionales y físicos pobres. Algún día hablaremos de las necesidades ambientales de un cachorro desde el momento del nacimiento hasta que abandona el hogar donde nació y creció. La cuestión es que a menudo nos encontramos ante situaciones de un manejo mediocre de estos momentos y que derivan en estados fisiológicos tristes, estados nutricionales deficitarios, etc. Si ya de por sí todo cachorro es incompetente a la hora de generar una respuesta inmunitaria adecuada, lo será con mayor razón si además agregamos al cóctel, un estado general mediocre.

Antes de iniciar un protocolo de vacunación deberíamos intentar alcanzar un estado fisiológico adecuado. Alcanzar un estado nutricional óptimo o cuando menos aceptable. Por eso es importante que llevéis al veterinario a todo cachorro que adquiráis, en cuanto lo recibáis, por si se hace necesario realizar algún cambio en su nutrición que le ayude a desarrollar en óptimas condiciones, para que el momento de la vacunación sea el mejor posible.

No podemos olvidarnos del estrés. A los cachorros se les separa de su familia a edades que, en condiciones naturales, serían una aberración. En condiciones naturales un cachorro estaría con su madre un montón de meses. Por múltiples razones nos vemos obligados a romper esta relación de manera prematura y como consecuencia sometemos al cachorro a un estrés brutal. De un momento a otro se ve solo, en una casa que no conoce, con una familia que todavía no reconoce como propia. No pocos además pasan frío, comen mal… Y de todo esto no podemos esperar que se sienta cómodo, contento, relajado. En todo caso hablaremos de estrés, de ansiedad. Y claro, esta situación no es gratuita. Al contrario, la repercusión sobre su estado fisiológico durante los primeros días es patente. Vemos cachorros que lloran, que padecen diarreas por los cambios nutricionales, que se marean y vomitan en el traslado, que pasan miedos… El impacto sobre el sistema inmune es tan importante como invisible. De todos es conocido que el estrés afecta negativamente al mecanismo de defensas del organismo. Todos damos por cierto que en estados de estrés somos más proclives a padecer enfermedades o a padecerlas con peores consecuencias. Y es que el estrés frena el mecanismo inmunitario. Y esto hay que tomarlo en cuenta si queremos ser eficaces en nuestro programa de vacunación.  La premisa es muy simple. No podemos vacunar a un cachorro que padece un nivel de estrés semejante. Su respuesta va a ser pobre sí o sí. En la práctica se traduce en que tiene que haber una distancia de no menos de 7 a 8 días entre la aplicación de una vacuna y un cambio de domicilio. Es decir, si va a salir un cachorro de un criadero o de la casa donde nació, deberían haber pasado no menos de 8 días desde que se le vacunó. Y si por alguna razón no es posible esperar, entonces es mucho mejor cambiar de domicilio, esperar esos 8 días, y después proceder a la vacunación. En nuestra clínica lo tenemos claro, todo cachorro que no cumpla esta premisa, simplemente se toma como no vacunado y se reinicia el protocolo de cero.

Espero no haber sido demasiado espeso. De cualquier manera seguiremos hablando de vacunación, que el tema da mucho de sí. Un abrazo para todos, Leo

Empezamos hablando de vacunas.

_DSC1325Hoy va uno de vacunación. No sé la de veces que podemos hablar en la clínica acerca de la necesidad o no de vacunar. De cuando hacerlo, contra qué, con qué protocolo, qué cuidados y qué contraindicaciones se pueden presentar. En fin, que un acto tan aparentemente simple como es aplicar una vacuna se convierte en algo complejo, lleno de matices, controvertido, pero…para nuestra forma de ver la medicina, imprescindible. E imprescindible hacerlo en las condiciones óptimas.

La aplicación de vacunas es prácticamente el primer gran acto clínico que hacemos en la consulta. Fundamentalmente por que es uno de las primeras causas que motivan la necesidad de ir al veterinario cuando se adquiere por primera vez un cachorro. Y desde la primera vez hay que hacerlo en condiciones.

De una vacuna no nos interesa tanto lo que uno le aplica al animal como lo que el animal, o su sistema inmunitario, hace con lo que  le aplicamos. El fin último es el de producir una cantidad suficiente de defensas como para que, en caso de entrar en contacto contra una enfermedad, el propio organismo sea capaz de rechazarla con éxito, utilizando sus propios recursos. A mejor capacidad inmunitaria, mejor capacidad defensiva y por tanto, mejor capacidad de salir airoso de un momento delicado.

Hoy voy a referirme a las condiciones que rodean a la primovacunación (Como le llamamos de manera recargada al primer protocolo vacunal de un cachorro, igual da que sea gato, perro o gorrín). No voy a comentar el protocolo en sí (Hay muchos protocolos, todos buenos) como a las circunstancias que lo rodean. Lo primero. Un cachorro es un individuo inmaduro. Tanto física, como mental, como social como inmunitariamente hablando. Por tanto, sus capacidades están disminuidas simplemente por que les falta tiempo para ponerse al día. Y esto debe de tomarse en cuenta. Y lo tomamos en cuenta. Esta es la principal razón por la que a un cachorro se le repitan más las cosas. Y las vacunas entre ellas. Porque su respuesta a las vacunas siempre es débil, tenue, lenta. Podríamos decir que porque su sistema defensivo necesita entrenamiento, madurez.

En su inmadurez el primer problema que se le presenta al sistema defensivo es que se le aplica el dicho de que “el que mucho abarca poco aprieta”. Es decir, si tiene que prestar atención a muchos frentes, es posible que no pueda hacerlo con eficacia en ninguno. Esto es capital. No podemos vacunar a un cachorro que esté padeciendo cualquier tipo de enfermedad o proceso debilitante. Y esto se traduce, por ejemplo, en que es fundamental desparasitarlo con anterioridad para que no esté prestando atención a pegarse contra parásitos internos o externos. Si padeciese fiebre, diarreas, vómitos, deshidratación, etc no deberíamos vacunarlo. La respuesta a la vacuna en esas condiciones va a ser extremadamente pobre. No hablamos tanto de que le vaya a sentar mal, o de que pueda tener reacciones peligrosas. No, sencillamente de que no va a haber respuesta y por tanto, no va a quedar suficientemente protegido en caso de enfermar de la patología que pretendíamos evitar.

En la próxima entrada seguiremos hablando de este tema tan importante. Puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. No lo olvidéis. Un saludo y hasta pronto, Leo

ACTUALIZACIÓN: Parte II – Siguiendo con las vacunas

¿Pasará frío?

DSC_2339¡Claro!, ¿Porqué no?. Las sensaciones de frío y de calor están ahí para protegernos. Son formas de avisar de que la temperatura corporal puede verse afectada por el entorno, y de que sería bueno hacer algo para evitar consecuencias graves. Si tenemos sensación de frío buscaremos cubrirnos para evitar la pérdida de la temperatura corporal. Por el contrario, si padecemos sensación de calor buscaremos lugares frescos o nos desprenderemos de ropa para evitar un sobrecalentamiento del organismo. Por fortuna normalmente somos capaces de encontrar soluciones y en consecuencia somos capaces de mantener nuestra temperatura corporal dentro de los límites fisiológicos (Normales, vamos).

Perro y gato necesitan mantener su temperatura corporal aproximadamente entre los 38ºC y los 39ºC. ¿Y qué hacen para lograrlo? Pues establecer un equilibrio entre los mecanismos que generan calor y los mecanismos que lo disipan. Y entonces ¿Cómo narices consigue un perro, o un gato, o un topo, llegar a una temperatura que puede ser mucho más elevada que el ambiente donde está? Y ¿Cómo consigue evitar pasarse y no autococinarse? Lo que sí es seguro es que algo tiene que hacer.

¿Como generan calor? Fundamentalmente por 2 mecanismos. Pueden haber más pero estos dos probablemente son los más eficaces. El gran calefactor interno es el hígado. El hígado es un órgano con tanta actividad metabólica que genera calor como consecuencia de ese trabajo metabólico. La sangre que lo baña y pasa a través suyo se calienta a su vez y como vehículo, lleva este calor a todo el cuerpo. El otro gran calefactor es el trabajo muscular. El músculo, en su trabajo, se calienta y como ocurre con el hígado, calienta la sangre que lo atraviesa. El temblor muscular en momentos de frío persigue precisamente este efecto. Por esto temblamos, para calentar el músculo y en consecuencia la sangre que lo irriga.

¿Cómo disipan calor? En este caso, el principal mecanismo de refrigeración es el jadeo. El intercambio rápido de aire caliente que sale de los pulmones por aire más frío que entra a los pulmones consigue disipar calor. Otros mecanismos son los que tengan que ver con el contacto de la piel con superficies frías o con ambientes fríos.

Y en medio está la piel y el pelo. Y el tejido adiposo subcutáneo. Que ejercen de aislantes.

Y entonces ¿Puede un perro pasar frío? . ¿Porqué no? Solo tiene que hacer frío. Claro, no va a a ser lo mismo para un husky siberiano que para un  pointer. No puede ser igual para un san bernardo que para un chihuahua. Los perrros nórdicos tienen tal capa aislante que la pérdida de calor es mínima. La únicas zonas desprotegidas son la nariz, las puntas de los dedos, el prepucio, las puntas de las orejas en menor proporción, que el perro tiene tendencia a proteger cuando duerme, enroscándose, ya que durmiendo, sin actividad muscular, la temperatura tenderá a bajar y esas zonas pueden suponer una fuente de fuga de calor. Los perros muy pequeños y de pelo corto lo llevan peor. Ni su piel, normalmente más delgada, ni su pelo, menos denso, ni su capa lipídica subcutánea, normalmente más delgada les protegen del frío con la misma eficacia. Y…¡Pueden pasar frío! Y lo pasan, claro. Solo tiene que darse el caso en que las condiciones ambientales superen a los mecanismos de aislamiento del perro. Y veremos al perro temblar. Y lo veremos buscando protección térmica. O lo veremos correr para calentar la musculatura.

¿Y qué podemos hacer? Pues es simple, en caso de que las condiciones ambientales sean crudas, protejamos al perro si lo está pasando mal. O se le ponen abrigos, o se le provee de un espacio más cálido. Incluso podemos adaptar su alimentación al mayor consumo calórico ofreciéndoles comidas de alta energía.

En la próxima entrada hablaremos del caso contrario, del calor ambiental y sus consecuencias.

Un saludo, frío en estos días, Leo

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