Eutanasia. Gran dilema, gran responsabilidad.

_LEO0861-2Hoy pretendo entrar con pies de plomo en un tema muy, muy delicado. Un tema en el que fácilmente me puedo granjear tanto amistades como profundas enemistades. Pero es parte de nuestra profesión y evitar hablar de él no hace que desaparezca.

En el diccionario encontramos 2 acepciones al término eutanasia. 1ª.-Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él. Y 2ª.-Muerte sin sufrimiento físico. Ambas acepciones se ajustan a nuestro campo de acción. Primero porque para nuestra desgracia nunca tenemos el consentimiento del afectado. Siempre es alguien que “consiente” por él. Segundo porque la máxima “Muerte sin sufrimiento físico” es piedra angular de nuestra forma de abordar este delicado asunto.

Nosotros, como veterinarios, tenemos en nuestra mano la potestad de hacer que una vida animal deje de serlo. Y lejos de lo que pueda parecer, esto es una responsabilidad que pesa como una losa.

Aquí nunca hay cálculos matemáticos. Nada nos dice si la decisión de practicar una eutanasia ha sido acertada al 100%. Siempre nos queda la duda de si hemos llegado demasiado pronto o demasiado tarde. Siempre queda un pequeño resquicio de duda de si hubiese sido posible hacer algo más por la mascota que tenemos delante. De si la eutanasia es la única salida.

Solo nos guía nuestra honestidad como profesionales.

En nuestro caso practicamos eutanasia cuando el paciente que tenemos delante está ante lo que denominamos médicamente como desahuciado. Nunca practicamos eutanasia en animales que no padecen alguna patología terminal. Es decir, cuando no tenemos medios para aliviar un momento de sufrimiento, y este sufrimiento no tiene un horizonte de alivio. No nos sirve simplemente el sufrimiento en sí. El sufrimiento per sé no es suficiente. Porque muy a menudo el sufrimiento tiene remedio. Si tenemos la mala fortuna de que nos atropelle un camión, es previsible que suframos y mucho durante un tiempo. Que estemos sufriendo no es suficiente para que nos pongan una inyección eutanásica. Yo lo que querría es que me curasen. Y que durante el proceso de curación me aliviasen el dolor o el sufrimiento en general.

Pero claro, resulta complicado decidir cuando estamos hablando de que un paciente está desahuciado. Cuando lo está realmente o cuando somos nosotros los que no somos capaces de aliviar su problema. Porque no me queda ninguna duda de que en ocasiones quizá otro compañero u otra opinión cambiaría el curso de los acontecimientos. Y aquí reside nuestra responsabilidad. Los años de profesión indudablemente ayudan a sopesar la situación. Pero aún y todo la decisión nunca es fácil.

En nuestro caso raramente somos nosotros los que planteamos la situación. Yo tengo la suerte o la desgracia de trabajar fundamentalmente con animales de compañía. Cada vez vemos menos perros de trabajo (Cazadores, de guarda, etc) por lo que en nuestro caso, el componente emocional es muy fuerte en la mayoría de las situaciones. Un componente emocional que modula cualquier decisión. Y normalmente, cuando una persona adulta y tras un proceso de enfermedad que no tiene solución y que está afectando a la dignidad de la vida de su mascota, decide proponer un tratamiento eutanásico, la decisión suele estar muy meditada (No me cabe la menor duda de que hay gente para todo, pero lo que cuento es lo mayoritario). Y ahí entramos nosotros para valorar si su opinión es correcta, si es posible hacer algo que mejore esa dignidad o si creemos que es imposible , ante lo cual,  apoyamos la decisión.

El momento como tal necesariamente tiene que estar inundado de dignidad. Y a veces no es sencillo. No porque no seamos capaces de empatizar con el estado del propietario, que lo somos, sino porque en muchas ocasiones acabamos de salir de otra consulta feliz (Un cachorro recién incorporado a una familia con niños), y puede ser que después tengamos otra más feliz. En cualquier caso siempre intentamos mantener un estado social acorde con el momento. Actuamos de manera seria, sobria, digna y por supuesto profesional.

A todo animal que va a ser eutanasiado se le tranquiliza cuanto antes. Y se hace para que llegue a un estado de profunda sedación. Posteriormente a esta sedación se le aplica un anestésico que sirve de eutanásico, porque es inyectado a una dosis muy superior a la que se utilizaría si se estuviese ante un proceso anestésico puro y duro. Es decir, el paciente entra en sedación, luego en coma y posteriormente muere. Y de lo único que realmente se da cuenta es del pinchazo inicial que por otro lado no es muy doloroso.

Si se ha tomado la decisión no podemos estar mareando la perdiz hablando y hablando mientras el paciente nos observa. No. Si se ha tomado la decisión cuanto antes comencemos el proceso menos sufrirá el pobre animal.

En nuestro caso nunca practicamos eutanasia en casa del propietario. De hecho nunca salimos de la clínica para nada, pero es que a menudo se nos pide que, para evitarle sufrimientos al paciente, nos desplacemos a su casa y lo hagamos allí. Nuestra experiencia en este sentido ha sido casi siempre negativa. Nos han pasado situaciones que han terminado en una decisión drástica. Nunca salimos de la clínica para eutanasiar a un paciente.

El propietario decide si quiere quedarse en todo el proceso, si prefiere no verlo, si se queda solo hasta la sedación…Es decir, respetamos cualquier decisión. Cualquiera nos parece adecuada.

En fin, que aunque siempre habrá quien considere que eutanasiar a una mascota siempre es inapropiado (Cosa que también respetamos), en muchas ocasiones nuestra humanidad nos pide que acabemos con un estilo de vida indigno y sufrido.

Un saludo, Leo

 

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Mitos en veterinaria: Baños y cachorros.

Todo hay que decirlo, algunos mitos en mi profesión los hemos cultivado nosotros mismos. Y este del que voy a hablar es uno de los más extendidos. El mito dice literalmente: Los cachorros no se pueden bañar hasta que no termine su programa de vacunación.

Y la verdad es que no tengo claro de donde ha salido pero es raro el cachorro que viene a la primera visita y no trae esta recomendación. ¡No se puede bañar hasta que no se vacune!

Y la pregunta es casi obligada: ¿Y porqué?. Porque me lo ha recomendado el criador, o el veterinario, o el vecino…

La cuestión es que no hay base científica, ni de las otras, para evitarle el baño a un cachorro sucio. Y es que es fácil ver cachorros que bien por el lugar y las condiciones en que se han criado, o bien por el transporte desde donde nació hasta la nueva casa, o porque se han mareado en el viaje…llegan a su nuevo hogar hechos unos zorros.

No solo estoy hablando de suciedad pura y dura, estoy hablando de que muy a menudo llevan restos orgánicos propios o de sus hermanos y que cuanto antes los liberemos de ellos, pues mejor.

Pero el baño asusta. Y mucho. Hay la creencia de que puede cogerse cualquier cantidad de enfermedades. Se habla de moquillo. De neumonías. De muerte súbita.

Yo puedo asegurar sin temor a equivocarme que del grifo de una casa normal no sale otra cosa que agua. En el agua del grifo no hay virus de moquillo. Tampoco están los gérmenes que provocan la neumonía. No hay nada más que agua. Y si la combinamos con champú para perros pues, solo hay agua y un remedio contra la suciedad. Y al cachorro solo le pasa una cosa. Que entra sucio en el baño y sale limpio del baño. Nada más.

Y ¿Cuándo pueden surgir problemas? Muy sencillo. Solo hay que apelar al sentido común para descubrir estos problemas. Si bañamos al cachorro con agua helada, además de que le cortaremos la respiración y de que se acordará de nuestros parientes, pues puede cogerse un pasmo de narices. O si lo dejamos húmedo y lo sacamos al balcón a que se seque, sobretodo en invierno. O lo metemos al río, Arga en nuestro caso, y sumamos la temperatura gélida del invierno con las cualidades insalubres de sus aguas. En fin, si perdemos la cabeza y bañamos al cachorro en condiciones que jamás utilizaríamos con nosotros.

Pero la realidad no es así. Invitamos a los nuevos propietarios a que bañen a su cachorro lo antes posible. Que lo hagan con agua templada y lo sequen a conciencia. Que lo socialicen con el secador de pelo. Y nos aseguramos de que la entrada de un cachorro a su nuevo hogar además va libre de todo lo que impregnaba su pelo.

Y en mi caso huyo de los champús en seco. Unos polvos blancos que normalmente valen para poco. Y que desde luego no garantizan la eliminación de parásitos o huevos de parásitos.

Yo, a día de hoy, estoy por ver al primer cachorro con problemas por haberlo bañado. Y han sido unos cuantos…miles.

Así que desterremos este mito. Si adquirís un cachorro, bañadlo.

Buscaremos otros mitos que ‘desmitificar’.

Un saludo cordial, Leo

 

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Socialización y vacunación. Conflicto de intereses.

_LEO2539Desgraciadamente para todos, los periodos de socialización y de vacunación del cachorro coinciden en el tiempo. Esto nos genera un conflicto de intereses difícil de afrontar dado que ambos procesos son vitales para la vida futura del cachorro, y nos toca decantarnos por uno u otro. Para los puristas de la vacunación sin riesgos estos meses deben pasarse en confinamiento y sin contacto con ningún otro perro, y para los puristas de la socialización supone un error irremediable el evitar ese contacto con sus circunstancias sociales futuras.

He de decir, para que no quede ninguna duda, que mi posición se parece más a la de los puristas de la socialización.

Por supuesto que soy capaz de comprender, aunque luego no las comparta, las razones de quién opina que sacar al cachorro a la calle antes de terminar su programa de vacunación es arriesgado. No tengo dudas de que si un cachorro sin terminar de inmunizarse entra en contacto con el virus de la parvovirosis va a tener un problema, y serio. Como tampoco tengo ninguna duda de que un cachorro que no socialice a esta edad va a tener problemas de comportamiento muy probablemente durante toda su vida, e igualmente serios.

¿Alguien en su sano juicio impediría el contacto de su hijo con otros niños hasta que estuviese correcta y totalmente vacunado? Probablemente no, y de hecho no lo hacemos. Enviamos a nuestros hijos a la guardería, a la escuela, al parque, a pesar de que, si tuviese la mala fortuna de encontrarse con otro niño que padezca poliomielitis pongamos por caso, iba a tener un problema, y serio como hemos dicho antes.

¿Y qué hacemos entonces?

Yo empiezo por explicar esta situación a todo propietario de cachorro que pasa por mi clínica. La opinión del propietario es muy importante para nosotros. Le hablamos de riesgos y beneficios. Yo les suelo comentar que debemos seleccionar adecuadamente los lugares a los que vamos a sacar a nuestro cachorro. Por fortuna vivimos en una sociedad donde los animales vacunados son una inmensa mayoría. Esto ofrece una protección excepcional a nuestro nuevo cachorro. Si lo introducimos en sitios urbanos tiene una altísima probabilidad de encontrarse fundamentalmente con individuos si no totalmente, razonablemente vacunados. Es decir, con perros con escasa capacidad de padecer las enfermedades que estamos protegiendo, y que por tanto no se convertirán en vehículos de transmisión. Todos sabemos que una población bien vacunada supone una buena protección para los individuos de esa población que no están vacunados.

¿Por dónde no hay que sacarlo? Pues por lugares donde no podamos garantizar su protección. Nunca lo llevaremos a una perrera donde el hacinamiento y las malas condiciones puedan albergar enfermedades. Son más seguros los parques urbanos que los rurales ya que en los pueblos hay más probabilidad de encontrase con perros no vacunados. No los dejaremos sueltos por las clínicas veterinarias (Procuramos que en la clínica los cachorros permanezcan en brazos o en la mesa de exploración, que siempre se limpia a conciencia)  donde se concentran la patologías de todo tipo.

¿Cuando cambia la cosa? Curiosamente cambia la cosa radicalmente cuando prevemos que el nuevo cachorro puede ser una amenaza para el entorno donde lo vamos a sacar. Y me explico. Cuando viene a la clínica un cachorro adquirido en uno de estos comercios al por mayor, sitios donde se venden miles de cachorros al año,  tratamos de que no salga a la calle hasta que no pase una cuarentena en su casa. Últimamente estamos viendo muchos cachorros comprados en este tipo de negocios. Son cachorros, muchos de ellos, importados del este de Europa. Desgraciadamente por las condiciones de viaje más las condiciones de almacenamiento (Suena fatal pero realmente los almacenan) a menudo vienen enfermos o muy enfermos, y muchos mueren de parvovirosis, parasitosis masivas, etc. Cuando vemos un cachorro de estos, le instamos a su propietario a que lo mantenga en cuarentena durante un mínimo de 15 días, en casa, sin sacarlo a la calle, para evitar que siembre estas enfermedades en el entorno por donde va a pasear. Nos parece tan importante esto que tampoco lo vacunamos hasta que no pase este periodo de cuarentena.

Pero lo que NO hacemos es aislar a un cachorro durante el periodo de socialización. Un cachorro, a día de hoy, puede vivir 15 años. Lo que hagamos durante el periodo de socialización va a dejar huella durante esos 15 años. Para bien y para mal. Y nosotros nos hemos decantado por apostar hacia la buena socialización.

Y lo notamos. Y mucho. Un cachorro socializado es un futuro perro feliz en la calle. Un cachorro no socializado tiene grandes posibilidades de arrastrar miedos y temores TODA SU VIDA.

Y la verdad es que nuestra experiencia es muy buena. Vemos muy, muy, muy pocos cachorros con problemas. Sin embargo vemos pocos problemas de miedos a cosas cotidianas.

Todo cachorro, antes de cumplir los 3 meses debería comportarse de manera tranquila ante cualquier actividad de un niño o grupo de niños. Pues mostrémoselo. Mostrémosle niños jugando, gritando, corriendo, jugando al fútbol, en columpios, etc. y mostrémoselo con tranquilidad, con calma, haciéndole notar que a nosotros no nos preocupa lo más mínimo. Y el cachorro lo aprenderá y en un futuro verá a un crío y, o querrá ir con él o pasará de él, pero no le tendrá miedo.

Todo cachorro, antes de cumplir los 3 meses debería reconocer la información que ofrecen otros miembros de su especie. Debería saber como reconocer un momento de juego, uno de tensión, uno de indiferencia. Y para que lopueda hacer necesita no tener miedo de otros perros.

Todo cachorro, antes de cumplir 3 meses debería poder reconocer todo lo que hay en un espacio urbano, o rural, o campestre como coches, motos, aglomeraciones, ruidos, semáforos, bocinas, porque van a ser parte indisoluble de su vida futura, y sería bueno que los reconozca como parte de su entorno, y los viva con relajación.

Ojalá que le mostremos como comportarse ante situaciones como tormentas, cohetes, aspirador, secador de pelo, baños… Con tranquilidad.

Un buen ejemplo de socialización extrema es la que se da en los perros de gente que desgraciadamente no tiene casa, y que no tiene más narices que vivir en la calle. Suelen ser perros que no se meten con nadie. Que no se alteran con nada. Son animales que soportan ruidos, frenazos, aglomeraciones… y muy a menudo lo hacen, DORMIDOS. Están tan socializados que no les afecta nada de su entorno. Una maravilla, a pesar de que su estilo de vida evidentemente no se lo deseo a nadie y mucho menos a su propietario.

En fin, espero no haberme dejado nada en el tintero.

¡¡¡ SOCIALIZACIÓN SI !!!

Un fuerte abrazo, Leo

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Importancia de la socialización en cachorros. (Parte 3)

_DSC1237Aunque las dos entradas anteriores aparentemente no decían gran cosa acerca de la socialización, creo que resulta imprescindible tener en cuenta esa información para entender lo que viene en ésta.

Como ya hemos dicho, un cachorro no desarrolla la sensación de miedo en toda plenitud hasta los 3 meses o 3 meses y medio. Durante ese tiempo, como no manifiesta miedo, cuando se encuentra con situaciones nuevas no las rehuye. No huye, no se esconde, no hace nada, solo se pone en alerta y observa. Pero no reacciona como suele hacer un individuo que tenga miedo.

¿Y esto sirve para algo? Pues sirve, y para mucho. Sirve para que pueda observar el comportamiento de los que le rodean. Y lo imite. Si ante una situación nueva los individuos que lo rodean demuestran indiferencia, él aprenderá que esa situación no es preocupante y con unas pocas repeticiones él la pondrá dentro de las situaciones que no requieren preocupación, y…no se preocupará cuando se vuelvan a presentar.

Si por el contrario, ante otra situación, su madre, sus congéneres, o su propietario en el caso nuestro, demuestra miedo o tensión, él, que lo está observando, entenderá que aquello provoca una reacción temerosa y hará lo que están haciendo su madre, sus congéneres o su propietario. Y cuando aquella situación se vuelva a presentar, él demostrará miedo y hará lo que se hace cuando hay miedo.

Os pongo un ejemplo para dejarlo más claro. Si colocamos a un cachorro ante dos situaciones parecidas pero radicalmente diferentes. Lo colocamos ante una oveja negra o lo colocamos ante un oso negro. Una situación no es problemática pero la otra lo es, y mucho. Pero para el cachorro son dos bichos negros que vienen hacia él. No tiene suficiente información como para saber qué hacer en un caso o en el otro. Pero como no tiene miedo no huye de ninguna de las dos situaciones. Y ¿Qué hace? Pues se queda quieto y observa qué hace su madre. Su madre ante la oveja quizá no demuestre ninguna preocupación y siga haciendo lo que estaba haciendo. Demostrará indiferencia. Y el cachorro aprenderá que ante una oveja lo que hay que hacer es pasar olímpicamente. En cambio ante la presencia del oso, su madre manifestará miedo y hará lo que procede. Se largará de allí intentando evitar al oso. Quizá se agazape y trate de pasar desapercibida. Y el cachorro verá este comportamiento y lo imitará.  Y cuando se repita lo volverá a hacer. Al punto que llegará un momento en que vea a un oso y se comporte como aprendió, por imitación.

Si el cachorro sintiese miedo desde el principio podría darse el caso de que huyese tanto de la oveja como del oso y su vida sería francamente complicada.

Y ¿qué pasa después de los 3 meses y medio? Pues que aparece el miedo. A partir de ese momento el aprendizaje cambia. En condiciones naturales la naturaleza ha hecho una maravilla. Durante un periodo de tiempo (El periodo de socialización) el cachorro ha imitado lo que ha visto hacer, porque la ausencia de miedo le permitía quedarse quieto observando. A partir de este periodo, el cachorro ya tiene condiciones físicas para meterse en problemas, puede alejarse del grupo familiar. Como buena parte de las situaciones que se puede encontrar ya son conocidas, reacciona ante ellas como ha aprendido. Pero es posible que se encuentre ante algo nuevo. Y no sepa qué hacer. Bien, la naturaleza ha desarrollado el miedo para esta situación. Y ¿qué es lo que hace?. Huir. Correr. Alejarse de la situación. En la naturaleza la curiosidad va mal. Ante situaciones nuevas es mejor poner tierra de por medio.

Los miedos son más frecuentes a situaciones no conocidas que a malas experiencias. Como ejemplo podemos decir que un zorro en el monte huye de la gente, sin embargo si le preguntamos al zorro si ha tenido alguna mala experiencia con un humano probablemente nos diría que no, que nunca ha estado ni siquiera cerca, pero que su madre los rehuía. Y él aprendió a rehuirlos.

Y ¿qué importancia puede tener esto en nuestros cachorros? Pues lo dicho, mucha, muchísima. El periodo de socialización es crítico. Un cachorro debería conocer el lugar donde va a vivir antes de los 3 meses. Deberíamos enseñarle a comportarse ante cualquier situación que vaya a ser cotidiana en su vida futura. Tiene que saber qué hacer ante la presencia de niños, perros, coches, bicis, calles, semáforos, autobuses, … Y lo que tiene que hacer es muy simple. Nada. No preocuparse. Indiferencia total. Y ¿cómo lo logrará?. Muy simple. Lo presentaremos ante esas situaciones y le demostraremos que a nosotros no nos produce ninguna respuesta negativa. Que pasamos de ellas. Y él pasará de ellas.

¿Que es lo que no puede ser? No puede ser que la primera vez que un cachorro vea a un grupo de niños haciendo el loco ya tenga más de 4 meses. Porque podría ser que se asustase y saliese corriendo. Y su capacidad para identificar la situación como inocua estará muy disminuida.

Lo que no puede ser lo veremos en una siguiente entrada, para evitar inundar de información.

Además hablaremos del gran conflicto entre periodo de socialización y periodo de vacunación, y os daré mi opinión al respecto.

Un saludo, Leo

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Importancia de la socialización (Parte 2)

_DSC1231Siguiendo con el tema del miedo.  Para entenderlo mejor primero os cuento lo que suele pasar durante una reacción miedosa. Prácticamente todos los animales hacen, y hacemos, lo mismo. Primero nos ponemos en situación de alerta. Con eso analizamos si la situación es francamente peligrosa o si simplemente se trata de una tontería que requiere algo de precaución. Por ejemplo, escuchamos la bocina de un coche y levantamos la cabeza, lo miramos, probablemente esperemos a que pase y crucemos la calle. Si la situación realmente es potencialmente peligrosa haremos 3 ó 4 acciones prácticamente todos los animales o muchos de ellos.

Lo primero que hacemos es poner tierra de por medio. Corremos. O corren. Es decir, un perro o un gato, o un mono, considera que algo le puede hacer daño y corre. Y muy a menudo la distancia arregla el problema y ya está. Si la distancia no arregla la situación cambia de estrategia.

Lo segundo que hace es tratar de pasar desapercibido. Intentará esconderse. Si despista a lo que le da miedo, ya está. Si no, la solución puede ir al menos por dos caminos. Puede intentar amedrentar con un acceso de agresividad al motivo del miedo o puede expresar señales de apaciguamiento (Señales que invitan a la paz).

Lo mejor, un ejemplo. Vamos paseando por la calle con nuestro perro y vemos  un gato. El gato se asusta y sale corriendo. Nuestro perro lo persigue… y cuando lo va a alcanzar el gato trata de esconderse y se queda quieto en el hueco de un árbol. Pero el perro lo localiza y lo acecha. Y el gato salta a la cara del perro con todas sus armas, emitiendo gruñidos potentes y arañando al perro, que se asusta y deja hueco para la huida del gato.  Si volviésemos a ver todo el proceso desde el punto de vista del gato veremos que primero ve al perro, se pone en alerta, sale corriendo, se esconde, pero como nada de esto funciona trata de impresionar al perro con un ataque potente, con el que sale airoso del asunto.

Esta respuesta del gato la deberíamos considerar como normal. Ha atacado porque no le ha quedado otro recurso para salvar la situación.

Otra respuesta normal hubiese sido que no hubiese corrido porque no le tenía miedo al perro. Si no hubiese corrido ante la presencia del perro hubiésemos pensado que el gato estaba socializado con los perros.

Y aquí está el quid de  todo lo que estamos hablando. Miedo y socialización están íntimamente ligados. Alta socialización implica poco miedo al entorno, baja socialización por contra, implica mucho miedo al entorno.

Hablaremos de alta socialización cuando consigamos que un individuo se mueva por su entorno inmediato sin miedos, y hablaremos de baja socialización cuando observemos que vivir en un entorno cotidiano suponga un estado de preocupación o pánico constante.

Con todo lo dicho anteriormente, lo que consigamos en este periodo determinará buena parte de la relación del individuo, perro o gato en nuestro caso, con el entorno. Y cuanto más y mejor lo socialicemos, menos temores tendrá.

El modo y maneras de hacerlo lo dejamos para la siguiente entrada del blog.

Un saludo a todos, Leo

 

 

 

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Importancia de la socialización en cachorros

_DSC1181Como suele ser habitual en asuntos veterinarios tenemos tendencia a ponerle  nombre a todo. Y como no, hablamos de socialización. Pero ¿Qué es la socialización? Durante un par o tres de entradas al blog voy a tratar de trasmitir lo que para mí es uno de los momentos más importantes de la etapa de aprendizaje en la vida de un cachorro. Hablaremos de socialización no como un proceso continuo, que seguro que se da durante toda la vida de un individuo, sino como un momento muy puntual y corto de la vida y que va a sentar las bases del comportamiento de todo ser social.

La definición cruda es fácil. Es el periodo que va desde el momento en que un cachorro empieza a recibir información externa por medio de  sus sentidos (Aproximadamente a partir de las 3 semanas de vida) hasta el momento en que el cerebro es capaz de sentir miedo en toda su extensión (Aproximadamente hacia los 3 meses o 3 meses y medio). Esta definición y los tiempos que doy están sujetos a diferentes interpretaciones, a menudo solo de matices, pero en esencia la mayor parte de los autores se le acercan bastante.

Pero vamos por partes. Vuelvo a deciros que me parece un tema de tal importancia que quizá es mejor tratarlo largo y pausado pero claro.

El comportamiento final de un individuo, perro, gato o lo que sea, está definido por dos fuentes de información. La genética, que hace que un perro nunca será una jirafa y jamás se comportará como ella, y el aprendizaje, que viene del exterior y que dependerá completamente de lo que cada uno vaya asimilando del entorno.

Es decir, tenemos comportamientos innatos. Vienen con uno. En los genes. Y consiguen que hagamos cosas sin necesidad de haberlas aprendido. Un ejemplo claro es el instinto de mamar. Un cachorro mama porque lo trae en sus genes. No puede ser que tenga que aprender a hacerlo porque morirá antes de conseguirlo. Y lo hace. Y lo hace con suma eficacia.

Y comportamientos aprendidos. Que no vienen en la genética. Un ejemplo puede ser la reacción que pueda tener un cachorro al viajar en un coche. No está en sus genes. Y dependerá de las experiencias que adquiera o de lo que consigamos que aprenda.

Primero vamos a hablar un poco del miedo. El miedo es un mecanismo de protección que nos avisa cuando algo puede afectarnos de manera negativa. Es una sensación innata. Es decir, viene en la genética por lo que la tenemos todos y hace que miremos a los lados de una calle antes de cruzarla, o que miremos hacia donde se ha producido un ruido extraño, o que corramos si nos persigue un tigre. Pero tiene un peculiaridad muy especial. No se manifiesta en las primeras etapas de la vida. En el caso de los perros es prácticamente inexistente hasta los 2 meses de vida y va  apareciendo poco a poco hasta los 3 meses o 3 y medio, en que se expresa en toda su extensión. Es en este momento en que consideramos que acaba el periodo de socialización.

En pocas palabras, llamaremos periodo de socialización al tiempo que pasa entre que un cachorro empieza a percibir estímulos del exterior (Visuales, táctiles, auditivos, olorosos, etc) y desarrolla la sensación de miedo en plenitud. En semanas hablaremos de que aproximadamente empieza hacia las 3 semanas (Momento en que ya podemos decir que el cachorro tiene muchas capacidades visuales, olfativas, táctiles, olorosas, etc. y que además se puede corresponder con el momento en que suelen empezar a salirse de la madriguera con soltura) y acaba hacia las 12 o 14 semanas (Aparición del miedo).

De momento os dejo aquí. En la siguiente entrada profundizaré en la importancia de este periodo y los porqués de esta ausencia de miedo. Pretendo que las entrada no sean demasiado largas par evitar el aburrimiento de su lectura.

Un abrazo a todos, Leo

 

 

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¿Qué hacemos con la falsa gestación?

DSC_0372Felizmente la mayor parte de la veces no hay que hacer nada. Normalmente las manifestaciones de este proceso son tan sutiles que ni el propietario de la perra se ha dado cuenta. Ya dijimos en la anterior entrada que TODAS las perras que han entrado en celo pasan por esta situación. Sin embargo lo cierto es que no todas, solo algunas, aunque es un proceso relativamente fácil de observar, demostrarán un comportamiento maternal exuberante tanto en el plano físico como en el comportamental.

En el plano físico podremos ver crecimiento del tejido mamario y producción de leche. En el comportamental veremos signos asociados con instinto maternal. Es decir, veremos que la perra busca cuidar objetos, los llevará a sitios protegidos, los protegerá, y si no son objetos sino cachorros, los criará igual que si fuesen suyos.

Y ¿Cuando hay que hacer algo? Pues cuando la situación se pase de castaño oscuro. Es decir, en el plano físico, si la producción de leche es desmesurada quizá será interesante ponerle freno. Y en el plano comportamental, si el cuidado del objeto de sus mimos se convierte en un problema. A mí, la situación que más me preocupa, es la posible aparición de agresividad maternal. Pocas veces la vemos, pero la vemos. Y nos hemos encontrado perras que defienden a su supuesta camada con fiereza. Y se pueden convertir en un peligro. Y ponemos remedio.

Y ¿Qué podemos hacer? La estrategia médica se orienta a controlar lo niveles de prolactina en la perra. Se le dan remedios que neutralicen la acción de esta hormona y, en consecuencia, desaparece no solo la producción de leche como cualquier manifestación maternal. Oiréis hablar de la tortilla de perejil. Lo cierto es que es posible que el perejil tenga alguna acción sobre la producción de leche. No queda claro porqué o como lo hace. Lo que sí queda claro es que no es la tortilla, es el perejil. La tortilla no es más que la manera de que una perra se coma un manojo de perejil y no se siente sobre él o se orine encima. Es decir, no se trata de aderezar una tortilla con perejil, se trata de hacer comer un montón de perejil. Yo no os lo recomiendo.

Hay medicaciones muy eficaces y seguras que neutralizan a la prolactina en pocos días y van muy bien. Preguntad en vuestra clínica veterinaria que os las recomendarán sin problemas.

Y ¿Se puede prevenir? Claro. Y muy fácil. Solo hay que evitar que la perra entre en celo. Si no hay celo no hay falsa gestación. Así de simple. Si este problema os agobia podéis esterilizar a vuestra perra y santas pascuas. De hecho este puede ser otro motivo por el que recomendar la castración de las perras. Uno más.

En fin, que me gustaría que no vieseis a la falsa gestación como un problema, sino más bien como un estado fisiológico normal que en ocasiones nos da pequeños problemas, fáciles de solucionar.

Otro fuerte abrazo, Leo

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¿Qué es eso del embarazo “psicológico”?

DSC_0364Embarazo psicológico. ¿Cómo, embarazo psicológico? ¿Realmente una perra puede manifestar un embarazo psicológico? La respuesta es simple. No, no puede. Puede, y hace, otra cosa parecida que después explicaré con más detalle. Pero me parece interesante aclarar conceptos para poner a cada cosa en su sitio y evitar malas interpretaciones.

Un embarazo psicológico solo puede ser una entidad humana. Y de la que yo como veterinario no puedo aclarar, ni debo porque quizá meteré la pata, pero que sí puedo interpretar. Podemos decir que un embarazo psicológico en una situación en la que una chica, que quiere quedar embarazada con tanta intensidad y no lo consigue, que empieza a generar sintomatología propia del embarazo (Vómitos, malestar, desarrollo mamario, o lo que sea que tengan las chicas cuando gestan). Es decir, estamos hablando de una situación de ansiedad que genera (Somatiza, que dirían los expertos) signos de embarazo en quien no lo presenta.

Pero una perra seguramente no siente ansiedad por quedar preñada. Para una perra tener descendencia o no seguramente le da lo mismo.

Y entonces ¿Qué es lo que vemos frecuentemente en nuestras perras?

Lo que vemos es una maravilla de la naturaleza, propia de la especie canina. Los caninos gregarios (es decir, que viven en comunidad con otros de su especie) tienen una particularidad que les permite aumentar las posibilidades de que una camada de cachorros salga adelante.

Lo primero que me parece interesante es hablar un poco de hormonas. Hormonas. Sustancias que hacen cosas en el organismo. En el caso que estamos hablado las que más nos interesan son dos: la progesterona (Que viene de “Pro”: algo así como promover, procurar… “gest”: que nos dice algo de la gestación…y “erona”: que nos dice que estamos hablando de una hormona. Es decir, Progesterona significa básicamente: hormona que promueve la gestación.) y la prolactina (Que viene de “Pro”: lo mismo, promover, provocar… y de “lactina”: que viene de lácteo, leche…. Es decir: Promotora de la lactación). El tema es sencillo, sin progesterona no hay gestación. Y con prolactina hay leche.

¿Qué pasa en el resto de especies aparte de las perras?  Que la progesterona solo se produce en caso de que la hembra haya quedado gestante. Es decir, y visto desde el otro lado, si una hembra de cualquier especie menos la canina, está produciendo progesterona es porque está preñada.

¿Qué es lo que les pasa a las perras? Que dentro de su fisiología normal, producen progesterona tanto si están preñadas como si no. Es decir, que si tomamos una muestra de sangre de cualquier perra que acabe de pasar el celo y medimos si está produciendo progesterona la respuesta es SI. Hay progesterona. Pero puede estar preñada o no. Da lo mismo.

¿Y esto? ¿Para qué vale? Aquí viene la maravilla. Las perras, si viven en comunidad, suelen sincronizar los celos. Es decir, en poco tiempo entran en celo todas a la vez o en un periodo de tiempo muy cercano entre sí. Y todas producen progesterona después del celo, durante el mismo tiempo. Y evidentemente algunas parirán si quedaron preñadas. Pero las que no quedaron preñadas, bajo la influencia de la tan nombrada progesterona, se comportarán como si lo estuviesen. Y producirán prolactina. Y desarrollarán las mamas. Y producirán leche. Y lo harán a la vez que las que parieron. Y…podrán convertirse en cuidadoras de camadas si la madre natural, por una razón u otra, no se puede encargar de los neonatos.

Y este proceso lo pasan TODAS las perras después del celo. TODAS. Bien es cierto que la intensidad con la que les pasa es muy, muy individual. Y tenemos perras con manifestaciones muy exuberantes y otras a las que apenas se les nota. Pero, pasarles, les pasa a todas. Es parte de su fisiología normal. Son así.

En la próxima entrada hablaré de como manejaremos el asunto.

Un fuerte abrazo, como siempre, Leo

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¡Mi perro se ha comido algo en la calle!

_LEO1007Desgraciadamente vivimos en una sociedad donde siempre aparece algún iluminado que piensa en resolver sus problemas a leches. Y cuando cree ver uno, saca su peor leche, se viste de Robin Hood y ataca al malo para salvar al resto. Estos días ha aparecido por Pamplona uno de estos.  Y ha decidido salvarnos a todos de los perjuicios que suponen los perros en nuestro entorno inmediato. Y ha atacado. Soltando qué se yo qué, envuelto en algo apetitoso, y se ha llevado por delante a 2 ó 3 compañeros de paseo. Lo primero que hay que decirle es que no has logrado tus propósitos. Solo has conseguido llenar de lagrimas más de una cara, cabrear más de una mente (Iluminados hay en los dos lados del mundo del perro), poner en alerta a medio mundo. Yo además saco la conclusión de que, lejos de tratarse de una mente perversa, se trata de una mente escasa, con pocas luces. Un pobre hombre, vamos.

Pero ¿qué podemos hacer en un caso de estos?.

Lo primero está claro. Mirar al entorno y decidir donde se encuentra la clínica más cercana, no la de mayor confianza, la más cercana. Y de inmediato dirigirse hacia allí. Si fuese posible será muy interesante llevarse una muestra de lo que ha podido ingerir el perro.

Pero a menudo nos damos cuenta de la intoxicación, no por ver al perro comer algo como por ver los primeros síntomas. Y puede que estos síntomas los estemos viendo en casa. Es difícil tomar decisiones correctas pero a priori si todavía ha pasado menos de media hora del momento del paseo y por tanto de la intoxicación, podemos hacer vomitar al perro. No siempre es lo que habría que hacer, pero como ya he dicho nunca es fácil tomar decisiones acertadas.

¿Cuándo NO deberíamos inducir el vómito?

Primero: Cuando sospechemos que el tóxico es algún tipo de líquido corrosivo (Gasolina, líquido de baterías, ácidos volátiles,…) porque el hacerlos pasar nuevamente por el esófago, garganta y boca puede provocar más lesiones de las que ya produjo. Y al ser volátiles pueden generar gases que dañen, ya no solo el aparato digestivo sino que además pueden dañar los pulmones por inhalación.

Segundo: Cuando el animal está comatoso o tan debilitado que le va a ser difícil vomitar sin riesgo de aspirar el contenido estomacal.

¿Cuándo SI es necesario inducir el vómito?

En el resto de los supuestos. Lo ideal es provocarlo antes de media hora de producirse la ingesta, pero ante la duda lo hacemos cuando notamos los problemas. Y si saliese algo en el contenido estomacal que pudiese servir de información para el veterinario, lo cogeremos y se lo llevaremos.

¿Cómo puedo inducir el vómito?

Aunque quizá se pueden provocar algunas irritaciones, lo más socorrido suele ser el agua oxigenada por la boca. Normalmente vomitan entre los 3 ó 4 minutos después de dársela.

Y acudir al veterinario lo más rápido posible. Es preferible que no le deis ninguna medicación en casa. Podéis equivocaros y agravar el asunto.

¿Cuáles son los tóxicos más frecuentes que nos encontramos?

Raticidas. Normalmente no producen sintomatología reconocible hasta pasados unos días de la ingestión. Esto es muy, muy importante. Porque es posible que hayamos visto comer algo al perro y que no demuestre nada preocupante. Y no lo va a hacer porque los raticidas no provocan la muerte de manera inmediata, lo hacen pasados unos días, incluso unas semanas. Debemos tratar a todo perro sospechoso de haber ingerido raticidas aunque su estado actual sea estupendo.

Insecticidas. A menudo se utilizan productos insecticidas para plantas. Aquí sí vemos síntomas de manera inmediata a la ingestión. Como a menudo el propio tóxico induce vómitos, podemos verlo en el contenido estomacal. Hay que correr…

Convulsivantes (No quiero dar nombres para no dar ideas). Induciremos el vómito lo más rápido posible, solo si el perro está consciente y a correr al veterinario, rápido…

En fin, que ojalá que nunca tengáis que tirar de estos consejos.

Que paséis un buen fin de semana y para los afectados de este fin de semana nuestras condolencias. Leo

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¿Bulldogs o similares y golpes de calor?

_LEO0977Continuando con las preocupaciones que genera el calor, merece mención aparte su relación con lo que damos en llamar “Síndrome del braquicéfalo” o lo que es lo mismo, la serie de disfunciones, fundamentalmente ventilatorias, que arrastran todas  aquellas razas con la cara chata.

Y es que hay que recordar que uno de los principales mecanismos de refrigeración del perro es el jadeo. Ese jadeo que hace que rápidamente entre aire fresco a los pulmones y se expulse aire caliente. Ese jadeo para el que un Bulldog o un Carlino tienen tantas dificultades. Todo está en su contra. Tienen un velo del paladar muy largo que literalmente tapona el flujo del aire. Que literalmente se introduce en la cavidad laríngea y que entre otras cosas genera el típico ronquido de estas razas. Además suelen tener una tráquea muy estrecha en relación a su masa corporal, que les hace respirar como si lo hiciesen a través de un bolígrafo BIC. Su lengua es enorme y nuevamente dificulta la ventilación. Para terminar de agravar el panorama, suelen padecer, de manera secundaria, una serie de patologías asociadas a estas dificultades ventilatorias y que quizá no tiene sentido apuntillar en este blog pero que aumentan más a más el problema.

Y como consecuencia de todo ventilan mal.

Y va y un día empiezan a pasar calor. Bien por que han realizado un ejercicio intenso. Bien porque hace mucho calor en el ambiente. Bien porque están encerrados en un coche al sol (La temperatura del habitáculo de un coche al sol puede llegar a más de 50 ºC) (Queda claro que para cualquier perro, independientemente de su raza, un coche al sol se convierte en una trampa mortal). Y hacen lo que hace cualquier perro que pasa calor. Empiezan a Jadear. Pero no lo hacen con la eficacia que lo haría cualquier otro perro. Intentan ventilar rápido y fluido pero, sus condiciones anatómicas y funcionales impiden que el resultado sea eficiente. Y les cuesta perder calor. Ya no digamos si además se encuentran encerrados en un coche donde el aire que incorporan a los pulmones está más caliente que el propio perro. El resultado es un agobio extremo.

Lo demuestran adoptando posturas que intentan facilitar el flujo del aire. Las denominamos “posturas ortopneicas” o lo que es lo mismo, intentos de hacer que la vía aérea no tenga barreras. Estiran el cuello, abren la boca al límite, sacan la lengua todo lo posible. Normalmente tienen los ojos todavía más saltones de lo habitual demostrando angustia extrema. Y nos están diciendo: – No puedo refrigerarme. ¡Ayúdame!

Y le ayudaremos. Buscaremos un lugar fresco. Mojaremos al perro con agua a temperatura ambiente, mejor que muy fría. No es el momento de darle agua de beber. El pobre perro no puede beber en ese momento inicial. Si le metemos agua a la boca lo vamos a agobiar más. Y si es posible, llevarlo cuanto antes a una clínica veterinaria. Hay que tener en cuenta la masa corporal. Un perro de 30 kg no se enfriará igual de rápido que uno de 5 kg.

¿Podemos hacer algo para prevenir el golpe de calor? ¡Claro!. ¡Cómo no! Fundamentalmente con sentido común. Evitando exponer al perro a temperaturas elevadas. Evitando forzar ejercicio físico intenso. En ocasiones colocamos pañuelos al cuello como los que nos colocamos en Navarra en fiestas, humedeciéndolos regularmente con agua fresca (La cantidad de sangre que pasa por el cuello de estos perros es tremenda, y un paño frío en contacto con la piel refrigera esta sangre y ayuda a perder calor).

¿Podemos hacer algo más? Podéis hablar con vuestro veterinario para que os cuente como mejorar las condiciones anatómicas a través de pequeñas cirugías que optimizan la ventilación. Cirugía de paladar blando. Cirugía de narinas. Cirugía de sáculos laríngeos. Preguntad a vuestro veterinario que sin duda es la persona que mejor os puede aconsejar. En nuestra clínica estaremos encantados de comentar los pormenores de tales cirugías.

Un saludo cordial, Leo

 

 

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